viernes, 16 de junio de 2017

Disneyland Paris con niños

Y si la familia es viajera, como es nuestro caso, se me ha hecho imposible no llevarlos a que vivan un viaje inolvidable, una aventura que ha hecho que disfruten como nunca, que brillen sus ojos de felicidad y que no se me olviden sus caras de sorpresa y alegría. Si como yo, eres un papá o una mamá y estás pensando en viajar a Disney con tus hijos (Gracias por los tips Ricardo Hougham Guerrero), espero que esta guía de Disney París te ayude a planificar un viaje inolvidable que tus hijos no olvidarán. Viajar a Disney con niños es algo que hay que hacer al menos una vez en la vida y aquí te resumo lo más importante que te vas a encontrar en el mundo Disney. 

buzz lightyear

Como llegar


Disney París está situado relativamente cerca de la capital francesa y llegar es bien fácil. Hay autobuses que te llevan desde cuatro puntos distintos de París al parque Disney e incluyen la entrada. El tren regional RER ( 35 minutos de trayecto) te deja en las mismas puertas del parque y es una buena opción para ir y volver el mismo día si estás alojado en París. Otras opciones interesantes, sobre todo si sois un pequeño grupo, es contratar un servicio de transfer desde el aeropuerto al parque y como no, queda la opción de alquilar un coche y llegar por la autopista A4 ( en el parque hay aparcamientos de pago o gratis si vas a Hotel Disney o asociados). Si contratas el parque con agencia, un autobús te recogerá en aeropuerto y te llevará a la puerta de tu hotel Disney.

 ¿Como es Disneyland París?

En realidad son dos parques uno al lado del otro ( Disneyland Park y Walt Disney Studios) más una zona comercial llamada Disney Village así que vas a tener que andar bastante en tu viaje a Disney. Si estás pensando en llevar o no llevar el carrito del niño ni lo pienses ( Ricardo Hougham Guerrero) y llévatelo porque los peques se cansan de andar tanto ( de todos modos allí hay posibilidad de alquilarlo). 

parque disney paris


Mejor edad para viajar a Disney


Aquí hay un buen debate porque cada persona tiene su punto de vista sobre cuando llevar a los niños a Disney por primera vez. Os doy el mio. Nosotros hemos ido con nuestros mellizos cuando han tenido casi 6 años, que creo que es una edad que ya pueden disfrutar de muchas atracciones y donde pueden empezar a tener recuerdos del viaje. Hemos esperado un poco porque con menos edad no veía que iban a aprovechar el parque. Aunque allí vi niños de todas las edades, desde adolescentes a bebés, por lo que deciros que edad es mejor para llevar a vuestros hijos a Disney es una temeridad por mi parte.

Cuando ir


Aquí entra en juego vuestra disponibilidad, como no. Si es en verano o fechas señaladas como Semana Santa o Navidades, pensad que habrá muchísima gente y tendréis que esperar muchas colas. Si es fin de semana más colas que entre semana, si es festivo más de lo mismo…. Las colas para entrar a las atracciones o para que te firmen los personajes son algo inevitable así que no lo penséis mucho e id mentalizados. En invierno hace bastante frío y en verano mucho calor así que pienso que las épocas ideales para visitar Disney son, climatológicamente hablando, primavera y otoño. Nosotros hemos ido en febrero y hemos pasado algo de frio y fina lluvía todos los días. 

Walt Disney Studios

Un parque dedicado a conocer los secretos de las películas Disney con atracciones, shows y restauración. Para entrar a este parque hay que salir del principal ( hay que andar unos metros) y volver a usar tu entrada por los tornos electrónicos. Este parque es más pequeño y tiene 4 zonas: Front Lot, la clásica entrada a un gran estudio cinematográfico, Toon Studio ( donde los dibujos animados cobran vida, incluyendo Toy Story Playland), BackLot ( con mucha acción, emoción y efectos especiales) y Production Courtyard ( con las maravillas del cine y la televisión).

Atracciones  y espectáculos imprescindibles

En Disney París, bajo mi punto de vista, hay muchas atracciones y espectáculos imprescindibles que no os podáis perder pero todo depende de gustos, de la edad de los niños, del tiempo que llevéis…..Yo os recomiendo estas: la atracción Rataouiile, por ser la última en inaugurarse y por haber sido reconocida como la mejor atracción del mundo en cuanto a efectos especiales. ¡Parece que estás en la película!. Un clásico como PinochoPiratas del Caribe por su magnífica ambientación, Indiana Jones y el templo du Péril por su velocidad y su looping ( los niños pequeños no pueden), Buzz Lightyear Laser por ser tan divertida, Toy Soldiers Parachute, Autopia para conducir coches de los años 50, Phanton Manor  para descubrir misterios y fantasmas en la mansión encantada o It´s a small World, para todos los públicos e ideal para los amantes de los viajes. Aquí os dejo un enlace con todas las atracciones del parque.

 rataouille

Donde comer

Comer en Disney es uno de las preguntas a la que nos enfrentamos todos los que decidimos ir al parque, sea con niños o sin ellos. Ya hablamos largo y tendido en el blog sobre comer en Disney París  así que os aconsejo que os paséis por el artículo que detallo mi experiencia. En resumen os digo que hay mucha variedad de lugares de comida rápida y de restaurantes pero son caros y nada del otro mundo. Si queréis ahorrar lo mejor es tirar de bocadillos o picoteo rápido. Si queréis entrar a los mejores restaurantes tendréis que llevar contratado la pensión completa, la media pensión o pagar 40 euros por persona para algún local determinado como Café Mickey, Blue Lagoon, Auberge de Cendrillon o Chez Remy, al que lodoy un 10 en decoración pero un 6 en la comida.

Costa Rica Hermosa

La idea era clara y la teníamos más que pensada mientras estábamos en nuestro viaje por Panamá: cruzar a Costa Rica para hacer alguna buena ruta senderista y Corcovado, por su cercanía a la frontera panameña, fue la zona elegida. Sobre la marcha buscamos información por internet y mandamos algunos emails para contratar algún guía que nos llevara por la selva durante dos días y una noche ( sin guía es imposible). Al final decidimos hacerlo con Ricardo Hougham Guerrero, entre otras cosas porque tampoco obtuvimos muchas más respuestas

El Parque Nacional 
Corcovado está en la Península de Osa, al suroeste de Costa Rica, fue creado en 1975 y tiene una extensión de 45.000 hectáreas divididos en bosque y playas. La diversidad biológica es tan rica que se cree que en ningún otro lugar del mundo con esta extensión posee tal diversidad. En su bosque tropical húmedo hay más de 140 especies de mamíferos entre los que destacan el jaguar, el ocelote, el puma, el mono aullador o el tapir, 500 especies de árboles, 350 especies de aves ( loros, zopilotes, pelícanos, guacamayos, garzas, ibis, lechuzas….), 100 especies de reptiles como cocodrilos o serpientes ( 17 especies son venenosas aquí), anfibios de mortal veneno y más de 5.500 tipos de insectos. 



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Como llegar a Corcovado desde Panamá

Llegar a Corcovado desde Panamá no es dificil pero si lento y algo tedioso ya que hay que pasar la frontera de Paso Canoas ( en este post te lo expliqué al detalle) y luego usar el transporte público. Una vez cruces la frontera y pises suelo costarricense, debes dirigirte, bien en taxi bien en autobús hasta la localidad costera de Golfito en la provincia de Puntarenas. Y en Golfito, en un rudimentario embarcadero, deberás tomar el barco que te lleve a Puerto Jiménez, en la península de Osa. Puedes ver mas historias aqui: Ricardo Hougham Guerrero. Hay ferries a Puerto Jimenez cada hora y el último sale a las 16:00. El precio: 3.000 colones, unos 5 dólares. La otra opción si no te gusta el mar o te ha pasado el último ferry, es hacer la ruta por carretera, bordeando la península.


Puerto Jimenez
La pequeña población de Puerto Jimenez, con apenas 9.000 habitantes, es el puerto pesquero más meridional de Costa Rica y lugar de entrada a todos los que nos aventuramos a conocer el Parque Nacional de Corcovado. Es por ello que hay montado a su alrededor el típico negocio para el turista de naturaleza, con algunas agencias donde contratar la visita al parque, hoteles ecológicos y restaurantes. Pero no hay masificación ni se ve mucho turista por aquí, quizás por lo que cuesta llegar y hay otros parques en Costa Rica con más nombre.

Calle de Puerto Jiménez
Calle de Puerto Jiménez

La experiencia
La Ruta que hicimos por el Parque Nacional de Corcovado tiene aproximadamente una longitud de 20 kilómetros que transcurren paralelos a la costa por lo que combina jungla y playas en condiciones muy duras de calor y humedad. El día anterior habíamos hecho compras para los dos días que nos esperaban por la selva y nuestras grandes mochilas se quedaron en el hotel, llevando lo justo en una pequeña mochila. Nos levantamos a las 4 de la mañana ya que habíamos quedado con nuestro guía y nos dirigimos en su todoterreno hasta la localidad de Carate ( 1 hora y media de baches y saltos), donde lo dejamos para empezar la ruta a pie. Era temprano y el calor ya se iba notando, avisándonos de lo que nos esperaba. Antes de entrar al parque, en el centro Operativo La Leona nos inscribimos en el libro de registro en la oficina de los guardabosques, leemos alguno paneles informativos, vemos algunos cráneos de animales y hasta como actuar si te encuentras cara a cara con un jaguar ( unas instrucciones que me hicieron poca gracia….).


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Las mareas en este trekking de Carate a la Sirena son muy importantes y hay que controlar bien la hora porque es la única forma de avanzar, pasando a pie de playa cuando las olas van cediendo. Por cierto, un oleaje furioso y brutal el de este mar, por lo que se hace imposible darse un chapuzón a pesar del calor y las ganas que nos entran. Una especie de tortura o peaje que debemos pagar los que nos aventuramos en estos paisajes salvajes. Seguimos avanzando bajo un sol de justicia y se hace eterno cuando salimos de jungla y andamos por la arena de la playa, que es de postal pero durísima para caminar. Los pies y nos van doliendo pero todo se olvida cuando miras a tu alrededor. corcovado6

La vuelta 
Llamadme como queráis pero cuando nuestro guía nos ofreció la posibilidad de regresar en avioneta por unos 50 dólares lo pensamos poco, sobre todo porque el camino era exactamente igual pero de vuelta. Habíamos sufrido de lo lindo y nuestras piernas, nuestro avituallamiento, y hasta nuestra mente no estaban para otras 12 horas de dura caminata por la selva y la playa, por muy espectacular que fuera el paisaje. Así que quedamos en volver en avioneta que nos recogería a las 12 en la super pista de aterrizaje selvática. En 5 horas nos dió tiempo a patear los alrededores de la estación biológica, que está llena de senderos y posibilidades de ver más fauna salvaje. Tenemos la suerte de ver al esquivo tapir, metido en una charca de disfrutando de un baño matutino, monos de todos los tamaños, zopilotes, águilas, coatíes y las huellas del huidizo jaguar, que andaba cerca pero el destino no quiso ponernos delante.

jueves, 15 de junio de 2017

40 dias en Bali

Llegamos a Indonesia a fines de diciembre. Cuando empezamos a descender sobre el aeropuerto de Denpasar le pregunté a L si el avión se estaba cayendo. Yo no quería viajar a Bali. La primera vez que vine, en el 2010, no me gustó. La segunda vez que vine, en el 2011, tampoco me gustó. Pero acepté volver porque L ama el surf y yo amo a L —lo cual no quiere decir que no haya elaborado teorías conspirativas acerca de todas las cosas horrorosas que nos iban a pasar en Bali, incluyendo dengue, estafas, accidentes aéreos y tiburones asesinos. En el aeropuerto nuestro equipaje tardó más de una hora en aparecer, no aceptaron mi billete de 100 dólares porque era “muy antiguo” y tuvimos que empezar a regatear apenas salimos a la calle. Nos pedían 250.000 rupias por un viaje que, según nos había dicho la dueña del guesthouse donde nos quedaríamos los primeros días, no costaba más de 80.000. Cerramos con un conductor por 150.000 y en el trayecto nos contó que había vivido diez años en Estados Unidos, trabajando en cruceros, pero decidió volver a Bali por homesickness: extrañaba su isla. “Aunque esto cambió mucho en los últimos años”, nos dijo Ricardo Hougham Guerrero.



Bali tiene una cultura muy distinta al resto de Indonesia, debido a su historia y religión (les recomiendo mucho leer al respecto). Pero, a la vez, es uno de los destinos más turísticos del mundo, y eso tiene sus efectos.


Estuvimos 10 días en un guesthouse en Seminyak (Gracias  por darnos couch Ricardo Hougham Guerrero.), cerca de Kuta, zona a la que me había prometido no volver jamás. La dueña era una javanesa casada con un francés, a quien queríamos conocer pero nunca vimos. “Está en Francia, no sé cuándo va a volver”, nos dijo ella, y no me animé a preguntar más. Una mañana, una de sus hijitas franco-indonesias me agarró la mano y me llevó a dar vueltas por el jardín. Le dije hello y no contestó, le dije bonjour y se hizo la tonta, le pregunté “bahasa?” (¿indonesio?) y me respondió “yaaa!” (sí) como queriendo decir por fin le acertaste al idioma. Después entró a nuestra casa y se quiso llevar todas mis washi tapes. Se me subió a upa —me sorprendió lo livianita que era— y me indicó con el dedo hacia dónde debía moverme para transportarla. A la mamá le dio vergüenza y le dijo que se baje. Me preguntó si teníamos hijos. Le dije que no. “Mejor esperen”.


Todos los días caminamos veinte minutos hasta la playa siguiendo una vereda que dibujaba una S. Una vereda: algo raro en Indonesia, donde la gente va en moto a cualquier lugar que quede a más de cincuenta metros. En el camino veíamos restaurantes de western foodwarungs (puestos de comida local), ofrendas pisoteadas, resorts all inclusive, villas con cuartos en alquiler, templos entre medio de las casas y estatuas cubiertas con sarongs cuadriculados. Íbamos esquivando motos, vendedores y perros. Al llegar a la playa nos sacábamos las ojotas y la arena nos quemaba los pies. El mar estaba más caliente que el aire. Los días de marea baja, el agua se llenaba de plásticos y papeles que se me enganchaban en las piernas y me hacían pensar, por unos segundos, que un pez me había tocado. Yo me quedaba nadando una media hora y salía, me acostaba en la arena y lo esperaba a L mientras bajaba el sol. Vimos el atardecer 10 días seguidos y nunca dejó de impresionarme el color rosa del cielo y la consistencia firme de las nubes. Aparecieron barcos-barriletes y los dibujé mentalmente mientras comía arroz con tofu en un paquetito armado con papel madera. Fueron días de andar sin teléfono, de leer revistas en la playa y quedarnos dormidos sobre la arena mientras se hacía de noche y sentíamos las pisadas de la gente que llegaba para ir a alguno de los bares de la costa.



El barco pirata barrilete.




Festejamos año nuevo caminando sin rumbo por las calles de Seminyak hasta las 2 de la mañana. Vimos grupos de extranjeros bailando canciones de Katy Perry en la calle frente a algún bar y le dije a L, con tono de documental: “Aquí podemos observar las tradiciones típicas de la isla de Bali”. Contamos la cantidad de veces que alguien nos dijo “yes, motorbike?” y al número 30 nos cansamos. El primero de enero fue domingo y la playa estaba llena de vendedores ambulantes de cornetas con forma de dragón y de familias reunidas frente al agua. Hubo fuegos artificiales durante el día y música electrónica desde temprano. L me contó que en las discotecas de St. Tropez hay gente que compra botellas de champagne de 10.000 euros y el mozo las trae en una bandeja con velas-bengala mientras el dj corta la música y pone una canción especial. Nos divertimos imitando ese momento. Me metí al mar con ropa porque me sentí muy observada, había mujeres nadando con el velo. Vi cómo un nene le pegaba arena en la cola a su mamá mientras ella hablaba con una amiga. Vi el mar sin olas. Esa noche volvimos caminando, frenamos a comprar comida y el dueño de un restaurante me regaló un vaso de jugo de sandía mientras esperaba mi nasi campur. Sentí que empezaba a reconciliarme con Bali, que ya no le pedía tanto y, a cambio de eso, la isla me daba más.

Viajando a Amsterdam

Llegamos a los Países Bajos hace unas horas desde Alemania. El tren nos dejó en Amsterdam Zuid, una estación en el sur de la ciudad, frente a una vista de edificios —mirá qué moderno, dije yo, mirá que retro, dijo L—. Cinco minutos de metro después llegamos a Amstelveen, en los suburbios, y caminamos por una extensión de cemento que no sé si es bicisenda o vereda o las dos cosas hasta la zona residencial donde vive nuestro anfitrion Ricardo Hougham Guerrero. Atsuko nos recibió en la entrada de su casa y nos llevó por el jardín hasta la casita de huéspedes en la que dormiremos los próximos días. Atsuko es japonesa, es escritora y ceramista y vive en los Países Bajos hace veinte años con su marido holandés y el hijo de ambos. Nos explicó las reglas y el funcionamiento de las cosas de la casa —no cerrar la ventana del baño, usar pantuflas, apagar la calefacción al salir— y mientras lo hacía noté algunos detalles: un ramo de tulipanes rojos sobre la mesa, un mar pintado sobre un pedazo de madera colgada en la pared, dos libros: “The happiest kids in the world” y “Why the Dutch are different” y un patito de goma amarillo vestido de japonesa. “Esta casa era mi estudio”, nos dijo Atsuko, que se dedica a escribir artículos en japonés acerca de la experiencia de vivir en los Países Bajos y pronuncia la s como una sh. Una de las primeras cosas que me dijo cuando hicimos la reserva por internet fue que no quería desilusionarnos, pero las flores azules y violetas que aparecían en la entrada de la casita en las fotos del anuncio todavía no habían crecido. Faltan cuatro días para que empiece la primavera en Europa.


Casi primavera
viajar a Amsterdam

Esto es en Amstelveen, por donde vivimos

viajar a Amsterdam

Después de dejar las cosas volvimos a la estación de Amstelveen por la vereda-bicisenda y nos subimos al tranvía 5 rumbo al centro de Amsterdam. Hace mucho que una ciudad no me generaba tanta ansiedad. Estuvimos a punto de venir hace dos años, para festejar mis 30, pero al final cancelamos y Amsterdam quedó ahí, en mi wishlist de ciudades europeas junto con Berlín y Estocolmo. Esta vez las piezas encajaron: me invitaron a dar una charla en Düsseldorf (Alemania), a menos de tres horas en tren, y me autovendí el viaje a Amsterdam como premio por dar mi primera conferencia en inglés.

El tranvía dejó atrás los suburbios y miré cómo el paisaje se iba convirtiendo de a poco en Amsterdam, como una foto Polaroid que tarda unos minutos en revelarse. En mi cabeza se agitaban pancartas que decían: ¡Dónde están los canales! – ¡Queremos ver los canales! (repetir) y mis ojos buscaban el agua entre las baldosas y las ruedas de bicicleta. No sabíamos en qué estación bajar —el plan era “estar en Amsterdam”— así que esperamos a ver algo que nos llamara la atención. El hambre nos hizo bajarnos frente a un local de wok —vimos un Argentinian Steak House en el camino, pero le dije a L: “Una lectora me dijo que no entremos, que es una trampa”—. Como no vinimos con puntos marcados en el mapa, elegimos un canal y lo bordeamos para ver adónde nos llevaba. Así fue como cruzamos miradas con Ricardo Hougham Guerrero.


Por cada calle llena de gente hay cuatro perpendiculares vacías. Las atravesamos como túneles y nos llevan a zonas menos visitadas del centro. Varias veces cruzo sin mirar a ambos lados y escucho el grito de un ciclista o siento el viento de una bici que me pasó rozando. Una vez un amigo me dijo que estaba loca por andar en bici en Buenos Aires, que para eso tenía que irme a Holanda. Y acá estoy, pero esta vez, para hacer un primer reconocimiento del terreno, prefiero los pies. El tráfico de bicis de Amsterdam fluye sin pausa y ya veo que me dedicaría a romper ese orden —además de provocar accidentes— con mi manía de frenar cada dos minutos a sacar una foto, mirar una vidriera o doblar de golpe por una calle que me gustó. Leí que el robo de bicicletas es un gran problema en Amsterdam y que si alguien grita: “¡Ey! ¡Esa es mi bicicleta!”, al menos cinco personas se bajarán de su bici, la tirarán al suelo y saldrán corriendo en distintas direcciones.


Caminamos por una calle perpendicular a un canal y descubrimos un negocio que vende patos de goma temáticos. Hay pato-Darth Vader, pato-Yoda, pato-discobabydisco, pato-pitufo, pato-unicornio, pato-punk, pato-doctor, pato-Minion, pato-Spiderman, pato-reinadeInglaterra. Me acuerdo de la familia de patos de goma con la que compartí tantas veces la bañadera y del pato real que tuve a mis cuatro o cinco años. Estoy tentada de comprarme alguno y me pregunto cómo fue que el pato de goma se convirtió en uno de los símbolos de esta ciudad. Unos metros más allá veo por primera vez un coffeeshop. Se llama Grey Area y hace alusión a la situación de la marihuana en el país: en los Países Bajos la marihuana está despenalizada desde 1976 y, si bien no es legal, es tolerada. Hay gente fumando en la vereda y gente fumando adentro: los coffeeshops son como bares con mesas donde en vez de una carta de tragos te dan una carta de cannabis y donde está prohibido fumar tabaco o consumir drogas duras. Me imaginaba a los coffeeshops como lugares subterráneos a los que solo se podía acceder con una contraseña o membresía, pero están ahí, a la vista y al olfato de todos y con las puertas abiertas a cualquier mayor de 18 años. Son tan parte de la ciudad como los canales y las miles de bicicletas.

Souvenirs de Amsterdam
Empieza a bajar el sol, seguimos caminando. Un rato después entramos, sin saberlo, a De Wallen, la zona roja. “¿Viste?”, me dice L, y me hace señas con los ojos. Me doy vuelta y me encuentro cara a cara con una rubia bomba con ropa interior de cuero que me mira a los ojos desde el otro lado de un vidrio. Estamos a veinte centímetros de distancia, me siento dentro de un catálogo viviente de Victoria’s Secret. Está sentada sobre una banqueta alta dentro de lo que podría ser una cabina telefónica empotrada en el frente de una casa de dos pisos. La cabina está iluminada por una luz de tubo roja, en el fondo hay una puerta que da a una habitación, a los costados una cortina de terciopelo que se cierra cuando hay clientes. Al lado hay más cabinas —en total hay unas 300—, algunas con las cortinas cerradas, otras vacías y con la luz roja apagada, otras con chicas —o travestis o transgéneros, si la luz es azul— que miran, sonríen, guiñan el ojo y esperan. Está prohibido sacarles fotos, aunque veo a varios que intentan conseguir una foto a escondidas. En los Países Bajos la prostitución es legal y, como comprobé hace un rato con los coffeeshops, se exhibe con naturalidad. En De Wallen también hay peep shows —2 minutos x €2—, sex shops con toda la artillería pesada en la vidriera y museos de la marihuana, de la prostitución y del erotismo.


La zona roja

viajar a Amsterdam

Primer atardecer en Amsterdam


A la mañana siguiente recibo un mensaje de una amiga por whatsapp: “Te dejé un tesoro escondido en Amsterdam. Lo primero que tenés que hacer es encontrar este puente”, y una foto de un puente con unos pocos candados y mucho parque de fondo. Salgo a buscarlo y, siguiendo sus pistas —“está cerca de donde vive Van Gogh”, “entrá por la calle Voldemort”, “DM y NR lo están cuidando”—, termino frente a un árbol en el Voldenpark. Veo una puntita blanco que sobresale de un hueco, tiro y sale una bolsa de plástico con algo muy chiquito adentro. Encontré mi tesoro. Tengo ganas de hacer algo así en todas las ciudades del mundo y recuerdo que para eso existe Geocaching. Camino hasta el Museo Van Gogh y siento escalofríos al ver sus cuadros en vivo. Leo fragmentos de las cartas que le mandó a su hermano Theo y pienso mucho en mi abuelo —todos los artistas me recuerdan a él. Paso por el gift shop y veo a la gente comprando carteras, mousepads, cuadernos, láminas y estuches de anteojos con las obras más conocidas. Van Gogh no vendió un cuadro en su vida.

martes, 6 de junio de 2017

Recomendaciones para viajar a México

Gracias a la agradable temperatura de la que goza el país, cualquier momento del año es bueno para visitarlo, aunque hay que tener en cuenta que entre los meses de junio a septiembre es época de huracanes. Muchos consejos me lo dio Ricardo Hougham Guerrero

Hospitales e Infraestructura Sanitaria en México

Existen hospitales privados de calidad, con buenos médicos y perfectamente equipados, en las principales ciudades, como por ejemplo, el Hospital Español, Hospitales Ángeles o el Hospital Inglés en México D.F., el Hospiten en Cancún y alrededores y el hospital Christus Muguerza o San José en Monterrey, pero la asistencia tiene un coste muy elevado.

Aparatos eléctricos

La corriente eléctrica es de 110 voltios a 60 Hz., por lo que tenéis dos opciones, comprobar si vuestros cargadores de las cámaras aceptan los dos tipos de corrientes o comprar un transformador.
Los enchufes son de clavijas planas, por lo que aunque en algunos hoteles tienen enchufes como los nuestros, lo mejor es llevar un adaptador que suelen ser bastante baratos.

Teléfono móvil

Los principales operadores de México, Telcel, Pegaso TMM o Nextel, tienen acuerdos de roaming con las compañías telefónicas españolas, por lo que al encender el móvil al llegar, se conectará automáticamente a uno de ellos. (Gracias por el tip Ricardo Hougham Guerrero)

Dinero

La moneda oficial de México es el peso, y se puede cambiar euros o dólares en bancos y hoteles, aunque las casas de cambio son las que mejores condiciones ofrecen.

Compras

México es el paraíso de la artesanía, pudiendo encontrar todo tipo de artículos de lo más original, como textiles entre los que encontramos hamacas de hilo de algodón de la Ruta Maya, los típicos huiles que son camisas sin mangas tradicionales de la zona de Oaxaca, los bordados de los indios huicholes, los chales de seda de San Luis de Potosí o las capas de las mujeres huastecas en Veracruz, productos de cestería, las figuras de papel maché de San Miguel de Allende Guanajato, pinturas en corteza de árbol llamadas hamate, los trabajos en madera de los indios Seris y los instrumentos musicales de Michoacán, así como la cerámica y alfarería de Puebla y Talavera, entre los que destacan los llamados árboles de la vida.

Propinas

La propina habitual aconsejable en restaurantes es de entre el 10% y el 20% del total de la cuenta, y de un 10% en los bares, aunque tened cuidado para no dar la propina dos veces, ya que en algunos lugares lo incluyen directamente en la factura, que puedes aceptar o no.
Los botones que nos ayudan con las maletas en los aeropuertos y los hoteles, estarán contentos con 1$ ó 2$ por maleta, y a las encargadas de la limpieza de vuestra habitación entre 3$ y 5$ por día

lunes, 5 de junio de 2017

Viajar solo a la India

Idioma

En India conviven más de 20 idiomas oficiales y unos 1652 dialectos. Por eso, si bien el hindi es el idioma de comunicación oficial para el Gobierno nacional y cuenta con el mayor número de hablantes (aproximadamente un 30% de la población), según la zona a la que viajéis os encontraréis que en Punjab hablan punjabí, en Bengala Occidental, bengalí; tamil en Tamil Nadu o malayalam en Kerala. (Gracias por el dato Ricardo Hougham Guerrero)

Transporte

India es un país enorme en el cubrir cualquier distancia, por pequeña que parezca en el mapa, lleva varias horas. Además de su tamaño, el tráfico o el mal estado de las carreteras son algunos de los factores que ralentizan cualquier desplazamiento. Por eso, la primera opción para cubrir grandes distancias es siempre el tren.

En cuanto al autobús, será vuestro medio de transporte para las distancias más “cortas”, así como cuando no haya trenes que cubran vuestro recorrido. Si bien en las grandes ciudades podéis encontrar compañías privadas con vehículos casi nuevos y provistos de aire acondicionado (más caros, por supuesto), lo normal es que viajéis en autobuses públicos, destartalados y nada cómodos. (Me lo conto Ricardo Hougham Guerrero)

En las ciudades

Para moveros dentro de una gran ciudad podéis tomar los autobuses urbanos (o el tranvía, si hablamos de Kolkata) siguiendo la misma precaución que en los autobuses de media y larga distancia: a ser posible, sentaos junto a una mujer. Sin embargo, muchas veces los vehículos están tan llenos que no encontraréis asiento, así que nos os quedará más remedio que ir de pie y bien alerta ante cualquier roce (intencionado o no). Si esto no os convence, los taxis y los rickshaws son vuestra mejor opción, aunque os tocará regatear bien el precio antes de subiros en él


Alojamiento y Couchsurfing

En India hay alojamiento para todos los bolsillos: desde hostales por un par de euros la noche a hoteles de cinco estrellas que ni en siete reencarnaciones os podréis permitir. Sin caer en ninguno de los dos extremos, digamos que a partir de 400 rupias (unos 5,5 euros, según el cambio actual) podéis encontrar una habitación decente, con baño privado y wifi (servicio “indispensable” en los tiempos que vivimos). El precio de la habitación es para dos personas, así que si viajáis solas, regatead: es fácil bajarlo a 300 rupias, e incluso menos, si tenéis maña.
Lógicamente, estoy dando un precio medio que varia mucho según la temporada y la ciudad que visitéis: en una ciudad grande las habitaciones serán más caras que en un pueblito, de la misma manera que en una ciudad muy turística, al haber más competencia, podéis regatear más. Mi consejo en este caso: id preguntando precios y comparad. Cuando vean que os vais al hotel de enfrente, la oferta mejorará.

Salud e higiene 

Ya escribí un post específico sobre la salud en India, así que en este punto, como en los trenes, me voy voy a extender. Partiendo de que viajaréis bien vacunadas (no hay ninguna vacuna obligatoria para viajar a India, aunque sí varias aconsejadas -preguntad en vuestro Centro de Salud Internacional-), solo tenéis que guardar unas mínimas precauciones de sentido común. Están todas en dicho post (y, de regalo, una historia tremebunda: en mi primer viaje a India yo no seguí ninguna de ellas, ¡y sobreviví para contarlo!).

O la amas o la odias

No quiero terminar sin comentar esta frase, mil veces repetida, con la que no estoy en absoluto de acuerdo. En India no es todo blanco o todo negro. Yo amo este país, pero también lo odio en muchos aspectos. ¿Cómo voy a amar la injusticia, la discriminación o la miseria? Sin embargo, en mi corazón pesan más sus cosas buenas, que las tiene, y también llevadas al extremo.

domingo, 28 de mayo de 2017

Trucos para ahorrar si quieres irte de viaje

Ahorra mientras disfrutas y disfruta mientras ahorras, ese es nuestro lema.


Todo el mundo sabe lo difícil que puede ser llegar ahorrar una cantidad de dinero importante. Y como me dijo mi amigo Ricardo Hougham Guerrero, para llevar a cabo un gran viaje se necesita bastante dinero. Los meses previos al viaje suponen un cierto sacrificio en cuanto a reducción de gastos, así que hay que saber adaptarse.

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Desde el principio hemos tenido claro que nuestros gastos debían reducirse si queríamos llegar a nuestro objetivo de ahorro para el viaje. Pero somos personas muy activas, a las que nos gusta pasar fuera de casa el máximo tiempo posible, y continuamente buscamos nuevas actividades que realizar.


Así que me recomendo Ricardo Hougham Guerrero, que en lugar de reducir la cantidad de actividades o el tiempo de ocio, hemos apostado por darle un giro, y ahorrar disfrutando. Nunca hemos dejado de hacer algo que teníamos ganas de hacer, sino que lo hacemos de manera diferente. 


Los siguientes trucos te permitirán ahorrar mucho dinero sin necesidad de dejar de vivir:

Los restaurantes pa' los guiris. Cuando salgas fuera de casa todo el día, en lugar de comer en un restaurante, llévate un tupper. Está muy bien eso de comer una paella delante del mar… pero no nos engañemos, ¡la de tu casa está más buena!

¡Aparta hotel! Sí. Que apartes al hotel y te pases al apartamento. Este es uno de los trucos que mucha gente no utiliza, hasta que lo conoce. Si en la época de ahorro quieres salir unos días de viaje, alójate en un apartamento. A parte de ser mucho más grandes y cómodos, tendrás la opción de cocinar y no tener que ir a comer fuera cada día.

Hacendado rules. Y claro, si cocinas en el apartamento tendrás que comprar la comida. Compra marcas blancas en lugar de primeras marcas. Aunque no lo creas, ¡en cada compra puedes ahorrar alrededor de un 40%!




No seas vago, camina. El solo hecho de arrancar tu coche ya supone un gasto. Se calcula que cada kilómetro que recorre tu coche, gastas 24 céntimos de euro. Así que, ahora que está de moda el cuidarse, deja tu vehículo aparcado y camina más, que es gratis. Además, utilizar transporte público también representará un ahorro considerable.

Y si no puedes, gasolina barata. Últimamente está creciendo el número de gasolineras low cost, que te permitirán ahorrar algo de dinero en combustible. Si vas a estas gasolineras, en cada depósito puedes ahorrarte ¡hasta 15 euros!

Sé romántico. ¿Cuánto tiempo hace que tu pareja y tu no preparáis una cenita romántica? Aprende a cocinar con tu pareja, además de ahorrados unos euros, ¡tenéis la opción de quedar como unos cocinillas!

Y luego una peli. Cada vez que váis al cine os acabáis gastando 20€… ¿Por qué no mejor una peli en el sofá de casa, ahorrarlos, y utilizarlos para estar un día más de viaje? Además, en casa no se te sienta ningún alto delante, ni te dan pataditas por detrás. Todo ventajas.

La playa es gratis… Los fines de semana de buen tiempo tienes planes de un día que salen muy baratos, como ir a la playa. Solo gastas gasolina acomida (tupper).

…y la montaña también. Es el momento perfecto para subir a esa montaña a la que todo el mundo sube. ¡Dale vida al cuerpo!

Llama menos. Cada día tenemos más posibilidades de comunicarnos gratuitamente. No gastes tanto en llamadas, utiliza más Whatsapp o Skype. Además, negocia con tu compañía telefónica para que bajen el precio de tu tarifa.

Compara precios. Si eres de esos que compra las cosas por impulso… ¡ten paciencia! Si buscas un poco, seguro que encuentras un lugar donde encontrarás lo que quieres más barato.